En los últimos años, la República Dominicana ha experimentado un cambio importante en su panorama comercial. En muchas ciudades y comunidades es cada vez más frecuente encontrar grandes establecimientos con capital extranjero, especialmente de origen chino, participando en sectores como ferreterías, tiendas por departamentos, supermercados y otros negocios.
La preocupación de muchos dominicanos no debe centrarse en la nacionalidad de quienes invierten, sino en las condiciones en que se desarrolla la competencia. Cuando existen ventajas desiguales o prácticas comerciales que afectan a los pequeños y medianos empresarios, el resultado puede ser devastador para la economía local.
Cada negocio dominicano que cierra representa una familia con menos ingresos, menos empleos y menos oportunidades para nuestra gente. Si los emprendedores nacionales desaparecen, el país pierde capacidad de producir riqueza desde dentro.
La inversión extranjera es bienvenida cuando respeta las leyes, paga sus impuestos, cumple con las normas laborales y compite en igualdad de condiciones. Ese debe ser el objetivo de cualquier nación que aspire a un desarrollo sostenible.
Corresponde a las autoridades fortalecer la supervisión, garantizar el cumplimiento de las leyes y proteger un mercado donde todos compitan con las mismas reglas. No se trata de rechazar la inversión extranjera, sino de asegurar que el empresario dominicano tenga las mismas oportunidades para crecer.
La República Dominicana necesita políticas públicas que impulsen a las micro, pequeñas y medianas empresas, faciliten el acceso al financiamiento, promuevan la producción nacional y fomenten el consumo de lo hecho por los dominicanos.
El debate no debe ser entre dominicanos y extranjeros. Debe ser entre la competencia justa y la competencia desleal. Si permitimos que desaparezcan nuestros comerciantes, nuestros industriales y nuestros emprendedores, llegará el día en que muchos dominicanos ya no serán propietarios de sus negocios, sino empleados de empresas que antes competían con ellos.
Defender la producción nacional, exigir el cumplimiento de la ley y promover una competencia justa no es un acto de rechazo hacia nadie; es una responsabilidad con el presente y el futuro de la República Dominicana.
Por: Luis Medrano Volquez
CEO, Empresas Medrano Volquez
Miembro de FDC y ASODEFE







